Tejiste con paciencia la red, con movimientos de bailarina me hipnotizaste atrayéndome a ella. Me tenías a tu merced, pero al final salieron a relucir mis instintos de batracio.
Un apuesto joven al que besó en los labios con dulzura, en el quinto aniversario de su entrada en coma, cuando ya nadie lo visitaba, se despertó de repente, la miró contrariado, y, después de un sonoro eructo casi eterno, se convirtió en Sapo, dejándola sumida en una depresión incurable.