jueves, 13 de febrero de 2014

Contracuentos de hadas - Diego Muñoz

 

Con el tiempo, el príncipe ha engordado debido a la gula, el alcoholismo y la fiesta permanente. Ahora tiene una barriga gigantesca y una papada descomunal. Las piernas raquíticas apenas son capaces de sostenerlo. Hipa constantemente producto de una borrachera consuetudinaria. “Dios mío”, se dice con amargura la infanta, “ha terminado por convertirse en un sapo, igual que al inicio”. Y concluye que la historia es circular.

Diego Muñoz Valenzuela
Los comprimidos memorables del siglo XVI

1 comentario:

Carmine dijo...

Tendrá que llevarle de vuelta a la charca donde decidió besarle por primera vez, si vuelve a ser besado por alguien será cuestión de suerte, qué se le va a hacer...